Ajedrez y emprendimiento son dos disciplinas con paralelismos claros, donde los que estamos en la segunda podemos aprender mucho de la primera. El emprendedor, con su idea de negocio bajo el brazo y una ilusión casi pueril de querer alcanzar su sueño, se sienta ante el tablero, dispuestas ya las piezas, frente a un rival poderoso. La partida se disputa en la modalidad conocida como "blitz", ya que el futuro negocio comienza con un capital inicial exiguo y un cronómetro que comenzó ya su cuenta atrás, implacable, inexorable, cual espada de Damocles sobre el equipo fundador. Rapidez de pensamiento y velocidad en la ejecución, todo ello sin embargo sin perder el equilibrio, cual funambulista en la cuerda floja, serán características que marcarán el devenir de los acontecimientos.
La apertura, bien sabido es para el instruido en la materia, constituye un momento fundamental en el juego. Nuestro púgil, asumiendo que juega con las blancas e inicia el primer movimiento como nuevo aspirante a empresario, tiene la oportunidad de plantear un escenario donde sus ventajas para con su startup sean decisivas para desestabilizar al incumbente. Sin caer en automatismos de manual, ni tampoco en subestimar al contrario, comienza con un primer despliegue de sus fichas, mostrando y ocultando a la vez sus intenciones de ganar mercado. El contrincante posiblemente jugará con un enroque temprano, protegiendo su negocio y así poder dedicarse a aplacarnos sin piedad. Puede él permitirse lujos que no están al abasto de recién llegados.
La concentración, huelga decirlo, nunca debe perderse. Todo cuenta, pero nada importa más que el deber de perseguir, de manera irreductible, todo aquello que haga que los clientes se enamoren de nuestro juego. A poco de comenzar a operar el negocio, las distracciones aparecen, el ruido no cesa, la presión no cede ni un milímetro. Un movimiento en falso y la startup caerá en jaque, momento pivotal que pondrá a prueba la resiliencia del emprendedor jugador, todas las miradas puestas ahora en él, inversores, empleados, clientes, colaboradores, familiares. Habrá que desplegar la táctica con valentía pero no temeridad, reunir un equipo capaz de torres, álfiles, caballos y peones, todos juntos perseverando en el fragor de la batalla.
Si las piezas son bien movidas al principio, la startup puede también caer en la tentación de relajarse, o dejarse llevar por la falsa sensación de que una efímera ventaja sea señal de una consolidación. Los éxitos hay que celebrarlos con mesura, sin perder el foco, comerse un peón o un alfil puede ser solo parte de la estrategia del contrario, un vil gambito. Asimismo, salir en prensa, firmar un primer contrato, llegar al break even, son estos eventos irrelevante para nuestros competidores, ellos ya pasaron por lo mismo y todavía llevan mucha ventaja. Al contrario, bajar la guardia es el momento perfecto para noquearnos y darnos jaque mate.


